El té no tiene la arrogancia del vino,  

el individualismo consciente del café

ni la inocencia sonriente del cacao.

Okakura Kakuzo

El libro del té.

En esta ocasión te quiero invitar -si no lo has hecho-, a prepararte una taza de té verde. Tiene propiedades fascinantes y cuando lo estés tomando piensa en que durante mucho tiempo las hojas del legendario árbol Camelia Sinensis viajaron desde India, quizás Japón o China para estar flotando sobre una taza. Quizas la tuya.

Cuando lo estés bebiendo siente como viajan las vitamina A, C y E por todo el cuerpo. Los minerales y los antioxidantes van detrás. Estarás bebiendo selenio, ácido fólico, calcio, cromo, magnesio, hierro, cinc, fósforo, potasio, aluminio y flúor. Así que sientete cómoda, hazlo el té del mes. Ve, te espero, hazte una taza en este mismo momento.

 

Perfecto.

 

 

Continuemos…

Mis razones para comenzar a beber té en el año 2014 eran diversas. El té no resolvía los problemas del mundo, pero sí que me daba un delicioso receso. Lo más importante de esa taza de té no eran los implementos -aunque sí desearía en algún momento de mi vida participar en una ceremonia del té-, sino cómo me sentía mientras la bebía. Ahora también recuerdo que de pequeña mi madre preparaba infusiones de manzanilla y tilo para los cólicos, eso tiene el té, la finalidad el purificar y llenar de calma. En esas ocasiones necesité esa taza para mantenerme a flote.

Inicié mi travesía por el mundo del té por fines curativos jamás pensé que cuatro años después me encontraría explorando tiendas de té, preparando mis propias mezclas por pasión; y tengo amistades en la cual la base es el té. Esta es una simplificación de una historia personal que involucra una etapa de acumuladora de cajas y bolsas de mezclas herbales.

Las personas que beben té conocen lo básico. Me he topado con personas que conocen solo aquel té chino que sabe horrible pero que te ayuda a bajar de peso. Sí, olvídate de eso. El propósito del té no es solo un capricho estético pasajero. La práctica de beber té ha evolucionado. Comenzó como una bebida exclusiva para los monjes de una secta budista Zen, era un remedio para la somnolencia, luego los campos de floreciente té salieron de Japón y viajaron a China.

El remedio se transformó en poesía, pasó a ser una religión estética llamada teísmo, digno de solo la nobleza. Por un tiempo se prohibió, viajó a Europa. Se empaquetó, y, ahora, lo consumimos en tiendas especializadas, se promueve como bebida exótica en cadenas de cafés, lo bebemos frío en restaurantes de comida rápida, lo vemos en el supermercado. Caminamos por el pasillo de tés y elegimos una caja colorida esperando que la bebida nos tranquilice en días agitados.

No hay nada como sostener una taza de té entre las dos manos mientras el vapor se despereza y levanta un aroma suave. En muchas ocasiones mi esposo me observa leyendo en silencio, después de prepararlo, me entrega una excelente taza de té casero sorpresa -puede ser rojo, negro, verde o blanco-. Un poder para revivirme, quizás sea el humo, quizás sea una de esas vitaminas que recorrió mi cuerpo y por último, mi alma. 


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